
Si bien un arete es un accesorio bastante usado y reemplazado por todas, también es un recuerdo hecho objeto. Algo que no dejo de hacer constantemente, es cambiar de aretes, se ha vuelto una costumbre infaltable en mi rutina.
Un arete es el perfecto regalo, la perfecta compra en una feria artesanal y es el detalle que a veces le hace falta a un atuendo.
Hoy mientras limpiaba y ordenaba mis cosas me di cuenta que dentro de mi malla de aretes, habían algunos que no tenían par, poco a poco los saqué los limpié, y como todo a mi alrededor, hice más liviana esa malla.
Me acordé de un regalo hecho por una buena amiga que no veo hace mucho, de un ex enamorado que con buena intención me compró algo que en ese momento me gustó, pero cuando perdí el arete no sentí pena, también de una ex amiga y de una fiesta, porque esos aretes los habia comprado solo para eso. Y así otros más, que sin pena he botado, y otros que he guardado porque me hacen recordar viejas amistades que permanecen conmigo día a día.
A veces a estas cosas tan chiquitas uno les da un valor enorme, no solo por el momento en el que lo recibimos sino por de quien viene. Y es necesario para nosotras exhibir nuestras nuevas riquezas, asi no esten hechas de oro.
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