domingo, 18 de abril de 2010

dejar caer.



Dejar que las cosas pasen, todo cae por su propio peso, lo que es y será... son muchas las frases que nos rodean que nos dicen que los sucesos que transcurren por nuestra vida deben ser de alguna manera. Quizás el destino está escrito como dicen en India, o quizás nosotros lo escribimos conforme pasan los días. ¿Es posible escribir días borrosos? Llenos de enmendaduras, borrones, tachones y con poca visibilidad, como si hubiéramos escrito un par de días de nuestra vida bajo la luz de una vela. Como cuando hacíamos las tareas bajo la luz tenue de una vela, porque un coche bomba se bajó una torre de luz... quién sabe esa bomba puede significar ahora para mi un suceso grande, y la luz tenue de la vela, aquello que no quiero ver con claridad, como dirían escrituras chinas, bueno orientales, no estoy segura, para poder ver la luz debemos saber estar en la oscuridad, conocer que ese estado es un estado más, no debemos temerle, sino tratar de entenderlo y descubrir por qué estamos ahí en ese preciso instante, no antes, ni después.
Valoro mucho el tiempo que tengo para mí, ir descubriendo todas mis capas de negro a blanco, pasando por todos los matices de gris; pero nunca falta el día que quiero dar un salto de garrocha y dirigirme al blanco solo porque me aburrí del lado negro, me pierdo la parte más divertida, los matices que hay entre estos dos... a veces por tratar de alcanzar algo que con el tiempo tendré salgo perdiendo, con esto digo que la paciencia es un arte que se cultiva con los años, si bien cada vez controlo mejor mi lado intranquilo aun tengo mucho por conocer.

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