
¿Cómo llegamos a un diagnóstico apropiado para una enfermedad que no existe? Bueno existe porque nuestra mente dice que es real, y desde ese punto, la fuerza del pensamiento genera en nosotros cambios.
Empezamos a encontrar los primeros síntomas de la “enfermedad invisible” en nuestro cuerpo, el insomnio, la falta de apetito, el cansancio excesivo, la disminución de sonrisas; depende mucho de la persona que lo adquiere y cuál es el procedimiento que elige para eliminar o aminorar los síntomas de la “enfermedad”.
Quién sabe, esto quizás no tenga cura inmediata, pero como una peli de terror dice: está en nosotros ayudarnos solo así podemos entender bien el origen del problema, en este caso de la enfermedad.
Si bien me consideré estar enferma más tiempo de lo permitido, es mi tiempo, yo lo controlo y manejo de acuerdo a mis necesidades. Sé que un tiempo me deje vencer por la “enfermedad invisible” creyendo que, manteniéndome en una burbuja para contener la “enfermedad”, podría no contagiar al resto de lo que me sucedía.
Mi diagnóstico era sencillo, tiempo extra con mi familia, practicar mas meditación y yoga, tiempo extra con mis amigos, y sobre todo reír. La risa está comprobada que es la mejor cura para todos los males, inclusive para la “enfermedad invisible”.
Y así me cure.
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